Solo amar hasta perder la noción
¿Pero perder la noción de que? Me preguntaba yo hace algunos años atrás.
Recuerdo que estaba atravesando un momento difícil en mi vida, me sobrepasaron los problemas.
Me encuentro con una amiga de la adolescencia, que ya hacia algún tiempo que no veia. Yo apenas estaba abandonando mi edad de puber, y nos disponemos a hacernos el relato de nuestras vidas hasta ese momento, o mas bien yo tome la conversación en serio y ella se dedico a llevarla.
- ¡Laurita! Que sorpresa.
En realidad yo la había ido a ver, por que no era una sorpresa para mi.
- Como estas – respondió sin ánimo, como que no era la persona que ella esperaba encontrarse en ese momento. En realidad entre nosotros siempre hubo una especie de romance, pero nadie se atrevió a dar el primer por que no creo que ninguno estuviera seguro de una atracción mutua.
- vos me vas a poder ayudar - le dije creyendo encontrar empatía.
Comencé a contarle mis desventuras de lo que me había pasado y lo mal que se había portado la gente y amigos con migo, ella miraba con suma distracción, como no queriendo reconocer lo que le contaba, o no le daba importancia alguna. Solo se limito a contestar:
- ¿te estas escuchando?, siempre te creí una persona inteligente – dijo absorta
- ¡Vos sos mi amiga! – reclamé – ¡me tenes que entender!
- si te entiendo, pero lo que te pasa a vos, no creo que nada tenga que ver toda la gente que me nombras. ¡Trata de escucharte!
Comencé a sentir que mis vértebras hervían. ¿Estaba yo preparado para recibir tal acusación? ¿yo era culpable de algo, cuando en realidad había sido la victima de todo lo ocurrido?, el mal estar comenzó a posicionarse en mi esternón y quedo ahí abriéndose, dejando un portal donde entraba todo sentimiento de culpa.
- mira, trata de verlo así – dijo asegurándose que la mirara a los ojos – me decís que se comportaron de una manera que te hicieron daño, muy bien tenés razón, es muy probable que la tengas, ¿pero que me digas que no tienen derecho a actuar así con vos? ¿Por qué? ¿Quiénes son ellos que no pueden, es mas quien sos vos que no pueden hacerlo con vos? – aseguró marcándome ese pensamiento que me había poseído.
- los seres humanos – continuo – somos libres de actuar como queramos, y muchas veces o mas bien la mayoría de las veces vamos a hacer daño con lo que hagamos, es imposible conformar a todos. Si lo pensás mejor te vas a dar cuenta de lo que te digo, y hacete cargo de lo que tenés que mejorar. ¿Por qué crees que actúan así? Por que definitivamente existe algo que no esta funcionando, entonces cambia tu enfoque y centralo en lo que estas haciendo mal para que las relaciones no funcionen. Me entendes – dijo como cansada de oírme.
Inmediatamente cambie de tema y comencé a hacerle preguntas de su vida privada, como para esconder mis errores.
Los años pasaron, y esa conversación creo que la enseño a otras personas, con magníficos resultados.
Hoy tengo la suerte de compartir con amigos mis vivencias, pero sigue existiendo ese portal, donde a lo mejor no es culpa, o si lo es, pero es como un fuerte dolor en mí, es como si tuviera un jade donde amplifica el haz de luz y quema dentro mío, y ese es el dolor que siento.
El sentimiento de soledad, de abandono, de falta de felicidad, ¿acaso no soy el culpable?, o es que debo seguir huyendo y quedando mas solo. Hoy nada repugna tanto al hombre como el camino que ha de conducirlo hacia si mismo, leía hace poco, o para nacer hay que romper el cascaron, y el cascaron es el mundo.
Siempre las respuestas en mi aparecieron sin buscarlas, cuando me dedique a obtenerlas nunca las encontré. De todos modos los cambios son difíciles e insumen tiempo, y el problema es que el tiempo lo da uno, podemos tardar en dar un paso un día, un mes o treinta años, lamentablemente es algo muy propio y es un camino que debemos andar solos.
El rugby es un deporte que amo, por que allí despierta lo mejor de mi. Pero otra ves nace ese sentimiento de injusticia hacia mi, ya que por un accidente no lo puedo practicar mas, no puedo aceptar que es lo que me toco vivir, ¿la culpa es de otro?.
Existen otros huecos dentro mío que no puedo llenar, y no tengo respuestas que me conformen y me ayuden a llenarlos.
En este último año conocí a Brunella, una infante de seis años, que tiene la virtud de no escuchar. Cuando apareció en mi vida, un gran acertijo ingreso en mí. Siempre había creído que la sordera era síntoma de soledad, muy efímera mi creencia, nunca lo quise ver de otra forma.
Me acuerdo que apareció un día de calor en un bosque que contiene una alberca, con un traje de baño que era como para una nena de el doble de su edad, diminuta, cabellos otoñales, ojos como de almendras y un diente trizado acompañando la sonrisa asumida en su boca. Me miro, junto sus manos en su boca en una muesca de complicidad, corrió hacia mí, con los brazos abiertos y se lanzo para que la cobijara en mis brazos.
Es una personita que indudablemente no tiene miedos, ya es una ventaja sobre mi, que si bien no los poseo, cuando temo es algo aberrante y sin sentido.
Una vez que la mantuve alzada, me beso, ¡no entendía nada!, como alguien podía hacer una semejante demostración de cariño, e inmediatamente me señaló con su dedo índice y mayor junto en su cara para que yo la besara, era demasiado para la orfandad de mi pensamiento hirsuto, como habría de caber tanto amor en aquel cuerpito pueril.
La última lección que he recibido de ella, fue un día que corría hacia la pileta, me invadió un miedo nunca antes experimentado y sin corresponder a mi cuerpo, mis movimientos fueron tan ágiles que logré atraparla antes de que cayera al agua. Con señas de enojo le hice sentir lo mal que se había comportado, su cara cambió completamente, como un tremendo dolor, como si ella tuviera el jade en sus esternón. Se apodero de mí una tristeza tan grande, como había sido capaz de tal desventura, y no pude más que dejársela a la madre. No supe observar la situación y no me percaté que no lloró, y lo que más me llamo la atención fue que dejo la madre y me extendió los brazos en señal de que la alce, una vez arriba me señalo con su índice y su dedo mayor la mejilla para que la bese en señal de que me otorgaba el perdón.
Recién ahora caigo en cuenta, de que nunca desde que la conozco, llora. No sabe llorar. Tuvo la suerte de no tener que sentir nunca el jade en su pecho, la sensación de impotencia que da el llanto.
Si realmente hoy pudiéramos separarnos de todo lo negativo, y solo sentir amor, cambiaríamos por completo nuestros sentimientos de mal estar. Indudablemente son seres enviados del mas allá, son seres superiores que nos enseñan. A lo mejor en el caso de Laura, es un ente que entro en ese momento, o ella realmente es así.
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